Birmingham, una ciudad con una rica historia industrial y una pasión inigualable por el fútbol, es el escenario de una de las historias más singulares y fascinantes del deporte rey. La rivalidad entre el Birmingham City FC y el Aston Villa, conocida como el Second City Derby, es legendaria, pero una historia en particular, que involucra a una banda criminal y un trofeo preciado, ha trascendido el ámbito deportivo para convertirse en un mito. Hablamos de los Peaky Blinders y el robo de la FA Cup de 1895.
El Aston Villa, fundado en 1874, y los Peaky Blinders, una banda de gánsteres que operaba en Birmingham a finales del siglo XIX y principios del XX, compartían un terreno común: los barrios industriales y marginales de la ciudad. En una época marcada por la violencia, el desempleo y la pobreza, ambos surgieron como símbolos de una identidad local fuerte y a menudo conflictiva. Los Peaky Blinders, conocidos por sus boinas puntiagudas (de ahí su nombre) y su despiadada reputación, ejercían un control considerable sobre la vida en Birmingham, involucrándose en actividades ilegales como apuestas ilegales, extorsión y robos.
El fútbol, en ese momento, se estaba consolidando como un pasatiempo popular entre las clases trabajadoras, y tanto el Aston Villa como el Birmingham City FC se convirtieron en focos de reunión y expresión de la identidad local. La relación entre los Peaky Blinders y los equipos de fútbol era compleja. Si bien no eran necesariamente fanáticos acérrimos, la banda veía en el fútbol una oportunidad para expandir su influencia y obtener beneficios económicos. Se sabe que los Peaky Blinders controlaban el acceso a los partidos, extorsionando a los aficionados y organizando apuestas ilegales.
En 1895, el Aston Villa alcanzó la gloria al ganar su segunda FA Cup, derrotando al West Bromwich Albion por 1-0 en Crystal Palace, Londres. El gol de Bob Chatt a los 30 segundos de juego selló la victoria y desató la euforia entre los aficionados del Villa. El trofeo, una obra de arte de plata valorada en 20 libras esterlinas (aproximadamente 3000 dólares actuales), fue llevado de vuelta a Birmingham, donde se exhibió en la tienda de deportes William Shillcock, en el centro de la ciudad, para que los hinchas pudieran admirarlo de cerca.
Pero la alegría duró poco. En la madrugada del 11 de septiembre de 1895, un grupo de individuos vinculados a los Peaky Blinders irrumpió en la tienda de Shillcock y sustrajo la FA Cup sin dejar rastro. El robo causó conmoción en Birmingham y desencadenó una intensa búsqueda policial. El propietario de la tienda y el club ofrecieron una recompensa de 10 libras a quien proporcionara información que condujera a la recuperación del trofeo, pero todos los esfuerzos resultaron infructuosos.

La Federación Inglesa de Fútbol (FA) impuso una multa de 25 libras al Aston Villa por la pérdida del trofeo, argumentando que el club era responsable de su custodia. El club, indignado por la multa y la presión pública, solicitó a la FA la fabricación de una réplica del trofeo. La tarea fue encomendada a Vaughtons, una orfebrería de Birmingham con vínculos históricos con el club. Howard Vaughton, nieto del fundador de la empresa y campeón de la FA Cup con el Aston Villa en 1887, jugó un papel clave en la reproducción del trofeo.
Gracias a un molde de yeso de la copa original realizado tres años antes para el Wolverhampton Wanderers, Vaughtons pudo crear una réplica fiel al original. La nueva copa se utilizó oficialmente hasta 1910, cuando fue reemplazada por un nuevo trofeo producido en Bradford. La réplica, sin embargo, se convirtió en un símbolo de la resiliencia del Aston Villa y de su capacidad para superar la adversidad.
El destino del trofeo original sigue siendo un misterio. Décadas después del robo, surgieron diversas teorías sobre su paradero. A finales de la década de 1950, un delincuente de poca monta de Birmingham confesó haber participado en el robo y haber fundido la copa para fabricar monedas falsas de media corona. Según su relato, parte del dinero falsificado se gastó en un pub regentado por Dennis Hodgetts, un exjugador del Aston Villa y campeón de la FA Cup en 1887 y 1895. Sin embargo, la veracidad de esta confesión nunca pudo ser probada.
Otras investigaciones familiares identificaron a John ‘Stosher’ Stait como uno de los responsables del robo, confirmando su participación a través de testimonios de sus descendientes. A pesar de estos indicios, el trofeo original nunca fue recuperado, convirtiéndose en la única copa auténtica de la FA Cup cuyo paradero sigue siendo desconocido.
La historia del robo de la FA Cup por los Peaky Blinders ha trascendido el ámbito deportivo para convertirse en un mito urbano. Ha sido objeto de libros, documentales y series de televisión, como la popular serie de Netflix “Peaky Blinders”, que ha contribuido a difundir la leyenda a nivel mundial. El Aston Villa continúa exhibiendo con orgullo la réplica del trofeo, manteniendo viva la memoria de un episodio que marcó la historia del fútbol inglés y que sigue fascinando a aficionados y estudiosos por igual. La conexión entre la banda criminal, el club de fútbol y el trofeo robado es un testimonio de la compleja y a menudo turbulenta historia de Birmingham y de su pasión por el deporte.