El silencio se ha apoderado de las radios, las revistas y los estadios. En un lapso de tiempo alarmantemente corto, el periodismo deportivo argentino ha perdido a tres de sus pilares fundamentales: Marcelo Araujo, Ernesto Cherquis Bialo y Julio Ricardo. Su partida no es solo la pérdida de tres profesionales excepcionales, sino el cierre de una época, un cambio de paradigma en la forma de entender y vivir el deporte.
Marcelo Araujo, la voz inconfundible que narró incontables partidos de fútbol, revolucionó el arte del relato deportivo. Su estilo apasionado, su capacidad para describir la acción con precisión y emoción, y su habilidad para crear imágenes vívidas en la mente del oyente lo convirtieron en un ícono. No era solo un narrador, era un cronista de emociones, un poeta del fútbol que supo transmitir la magia del juego a millones de personas. Su paso por "Fútbol de Primera" durante quince años fue legendario, marcando un antes y un después en la transmisión de partidos en Argentina.
Ernesto Cherquis Bialo, por su parte, fue un maestro de la pluma, un cronista excepcional que supo capturar la esencia del deporte en sus artículos para la revista El Gráfico. Sus coberturas de boxeo, en particular, eran obras de arte, llenas de detalles, análisis y una prosa elegante y cautivadora. Cherquis no solo escribía sobre deportes, sino que contaba historias, pintaba cuadros con palabras, transportando al lector al corazón de la acción. Su crónica de la pelea de Víctor Galíndez en Sudáfrica, mencionada por el autor original, es un ejemplo perfecto de su talento narrativo, una pieza que trasciende el ámbito deportivo para convertirse en una obra literaria.
Julio Ricardo, el hombre de la palabra delicada, el analista certero, el comentarista elegante, fue un referente en la radio y la televisión. Su capacidad para explicar el fútbol de manera simple, sin descuidar la calidad y la profundidad, lo convirtió en un maestro para muchos. Julio Ricardo no solo conocía el deporte, sino que lo entendía, lo sentía, y supo transmitir ese conocimiento a sus oyentes y espectadores. Su participación en programas como "Todos los goles" y su labor como comentarista de Víctor Hugo Morales fueron fundamentales para el desarrollo del periodismo deportivo en Argentina.

Estos tres periodistas no solo fueron grandes profesionales, sino también grandes amigos. Compartieron experiencias, anécdotas, momentos de gloria y de dificultad. Su amistad, su respeto mutuo y su pasión por el deporte los unieron a lo largo de décadas, creando un vínculo que trascendió el ámbito profesional. El programa "Tres en el fondo" fue una muestra de esa amistad, un espacio donde pudieron debatir, discutir y compartir sus conocimientos con el público.
Su formación se remonta a una época diferente, a la década del '60, donde la bohemia, la pasión y el amor al oficio eran los pilares del periodismo. Julio Ricardo, compaginando el periodismo con la docencia, formó a futuros profesionales como Nito Mestre. Cherquis Bialo encontró su hogar en El Gráfico, cubriendo boxeo con una rapidez asombrosa. Y Marcelo Araujo, desde joven, se abrió camino en Radio Rivadavia, aprendiendo de los grandes maestros.
El legado de estos tres periodistas es inmenso. No solo dejaron un vacío imposible de llenar en el mundo del deporte, sino que también inspiraron a futuras generaciones de periodistas a seguir sus pasos. Su pasión, su profesionalismo, su ética y su amor por el deporte son un ejemplo a seguir. Su partida marca el fin de una era, pero su legado perdurará por siempre en la memoria de aquellos que los admiraron y los respetaron.
En un mundo cada vez más dominado por la inmediatez, la superficialidad y la falta de profundidad, la figura de estos tres periodistas se alza como un faro de calidad, profesionalismo y pasión. Su partida nos recuerda la importancia de valorar el buen periodismo, el periodismo que informa, que analiza, que critica y que emociona. Su legado es un llamado a la reflexión, una invitación a seguir cultivando los valores que hicieron grande al periodismo deportivo argentino.