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Silencio y Desaparición: El Lado Oscuro del Deporte Bajo la Dictadura Argentina

Más de 220 deportistas desaparecieron durante la dictadura militar argentina. Una investigación revela el impacto devastador en el rugby, fútbol y otras disciplinas, y las formas de resistencia silenciosa.

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Silencio y Desaparición: El Lado Oscuro del Deporte Bajo la Dictadura Argentina

La sombra de la dictadura cívico-militar argentina (1976-1983) se extendió por todos los rincones de la sociedad, y el deporte no fue una excepción. Más allá de las estadísticas frías, se esconden historias de vidas truncadas, sueños rotos y un silencio impuesto que aún hoy resuena. Una investigación exhaustiva, liderada por el periodista Gustavo Veiga y plasmada en su libro “Deporte, desaparecidos y dictadura”, revela que al menos 220 deportistas fueron víctimas de la represión, desaparecidos, torturados o exiliados. Esta cifra, aunque impactante, es solo la punta del iceberg de un trauma colectivo que marcó a generaciones.

El rugby, con 152 casos, encabeza la lista de disciplinas más afectadas. La concentración de casos en esta disciplina se explica por la fuerte presencia de jugadores provenientes de La Plata y Rosario, ciudades con una vibrante vida universitaria y un arraigado compromiso político. El La Plata Rugby Club, en particular, lamenta la pérdida de 20 de sus jugadores. Estos jóvenes, muchos de ellos estudiantes universitarios, eran considerados “subversivos” por su participación en movimientos sociales y políticos.

Pero la tragedia no se limitó al rugby. Futbolistas, ajedrecistas, basquetbolistas, boxeadores, ciclistas, tenistas, atletas, voleibolistas y jugadores de hockey también sufrieron las consecuencias de la represión. El caso de Miguel Sánchez, un fondista prometedor desaparecido el 8 de enero de 1978, se ha convertido en un símbolo de la lucha por la memoria y la justicia. Cada año, “La Carrera de Miguel” rinde homenaje a su vida y a la de todos los deportistas desaparecidos.

Daniel Schapira, un tenista que militaba en la Juventud Universitaria Peronista, fue secuestrado el 7 de abril de 1977. Su día de nacimiento, el 18 de octubre, ha sido instituido como el Día Nacional del Profesor de Tenis en su memoria. Estas historias, y muchas otras, demuestran que el deporte no era ajeno a la realidad política y social del país.

El fútbol, el deporte más popular de Argentina, fue utilizado por la dictadura como una herramienta de propaganda. El Mundial '78, celebrado en Argentina, y el Mundial Juvenil del año siguiente, en Japón, fueron aprovechados para proyectar una imagen de normalidad y estabilidad que contrastaba con la brutalidad de la represión. Sin embargo, detrás de la fachada de éxito deportivo, se escondían historias de terror y sufrimiento.

Silencio y Desaparición: El Lado Oscuro del Deporte Bajo la Dictadura Argentina

El arquero Claudio Tamburrini, de Almagro, es un ejemplo de resistencia y supervivencia. Secuestrado el 18 de noviembre de 1977, fue torturado durante 100 días en el centro clandestino conocido como Mansión Seré. Junto a tres compañeros, logró escapar y exiliarse en Suecia. Su libro, que relata su épica fuga, y la película basada en su historia, “Crónica de una fuga”, son testimonios conmovedores de la barbarie de la dictadura.

Otros futbolistas, como Antonio Piovoso y Ernesto Rojas, también fueron víctimas de la represión. Piovoso, que jugó tres partidos en Gimnasia y Esgrima La Plata, fue secuestrado el 6 de diciembre de 1977. Rojas, campeón con Atlético Tucumán, fue acribillado en 1976 mientras viajaba a La Plata para una operación de rodilla.

Pero la resistencia no se limitó a los casos individuales. En las tribunas, las barras bravas, mayoritariamente peronistas, se convirtieron en espacios de protesta y disidencia. El caso de Huracán, cuya hinchada cantaba consignas a favor de Cámpora y Perón, es particularmente emblemático. El 16 de mayo de 1976, en un partido contra Estudiantes de La Plata, la barra de Huracán desplegó una bandera de Montoneros, lo que desató una brutal represión policial que resultó en la muerte de Rodrigo Noya, la primera víctima fatal del fútbol en tiempos de dictadura.

En Nueva Chicago, la hinchada entonó la marcha peronista durante un partido en 1981, desafiando abiertamente a la autoridad. La respuesta policial fue contundente: 49 detenidos y una brutal represión. Sin embargo, la hinchada de Chicago respondió con una ingeniosa forma de resistencia: cantando “Arroz con leche, me quiero casar” mientras caminaban hacia la comisaría, desarmando a los policías con su humor y su valentía.

Estas historias, y muchas otras, nos recuerdan que el deporte no es ajeno a la historia. El silencio y la desaparición fueron las armas de la dictadura, pero la memoria y la lucha por la justicia son las herramientas para construir un futuro más justo y democrático. La investigación de Gustavo Veiga y el testimonio de los sobrevivientes nos invitan a reflexionar sobre el pasado y a honrar la memoria de aquellos que fueron silenciados.